domingo, 9 de noviembre de 2014

El Hombre Perfecto


Llevaba 20 minutos decidiendo qué vestido ponerme esa noche. Tenía que ser la más guapa si quería impresionar al hombre que me gustaba. Ni el rojo de escote impresionante, ni el azul cielo, ni siquiera ese vestido negro tan entallado que dejaba entrever mi muslo izquierdo. No, ninguno me sentaba bien esa noche. Había dejado la habitación hecha un desastre, como de costumbre. Y, cuando al fin encontré la opción acertada... ¡Todas las medias estaban rotas! Podría no llevarlas, pero con los 5ºC de esa noche de noviembre  no me parecía una buena idea. Estaba frustrada y desesperada, así que cogí mis pitillos negros y mi top de encaje del mismo color. Me calcé mis botines de 13 cm de tacón y me planté en el baño, casi no tenía tiempo para maquillarme y mis amigas ya habían llegado. Decidí que lo mejor sería no peinarme (tampoco era algo nuevo). Salimos hacia el Pub en el que habíamos quedado con el resto de amigos. En el camino, como de costumbre nos entretuvimos con cánticos y hablando con los desconocidos que se nos cruzaban.
Casi habíamos llegado, cuando al pasar la calle que hace esquina con el Banco Nacional y el Kebab le vi.
Allí estaba; tan alto, tan guapo, con sus rasgos perfectos y su aroma inconfundible que no se vio tan siquiera alterado por el olor del restaurante turco. Sus ojos penetraron en los míos. Mis ojos se perdieron en los suyos, sentí que no era dueña de mi cuerpo. En ese mismo instante lo supe: debía ser mío.

Era como un sueño, era una fantasía.

En esos dos segundos parecía que nos dijimos tantas cosas sin hablar. En ese breve instante sentí vivir una eternidad. Éramos uno. Entonces interrumpimos el silencio, dando paso a los saludos.
Me dijo que nunca me había visto tan guapa y eso hizo que me diera cuenta de lo baladí que resulta intentar cambiar cuando realmente atraes a alguien.
Mis amigas ya estaban muy lejos, pero eso a mí no me importaba, nosotros comenzamos a hablar.
Me sentía extremadamente cómoda, parecía que nos conocíamos desde hace mucho tiempo atrás.
Tras un rato de conversación me invitó a unirme al resto del grupo y me ofreció un tequila.
Entonces lo supe: no era mi hombre.

YO SOLO BEBO ABSENTA.